Hoy, más que un proceso judicial, lo que se vive en los tribunales es el intento de dar respuesta a una tragedia que sigue latiendo en la memoria colectiva del país.
Santo Domingo.– Bajo estrictas medidas de seguridad y ante la mirada atenta de una sociedad que aún no supera la tragedia, los hermanos Antonio Espaillat López y Maribel Espaillat llegaron la mañana de este lunes al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva para continuar el proceso judicial en su contra por el colapso de la discoteca Jet Set.
Su llegada no pasó desapercibida. Custodiados por agentes policiales, caminaron hacia el tribunal en medio de un ambiente cargado de tensión, marcado por el recuerdo de una noche que cambió la vida de cientos de familias dominicanas.
El caso, que mantiene en vilo a la opinión pública, es conocido por el juez Raymundo Antonio Mejía Zorrilla, quien tiene en sus manos decidir el rumbo judicial de los imputados.
Una herida que sigue abierta
Lo ocurrido en el Jet Set no es solo un expediente judicial. Es una herida profunda. Aquella noche, el colapso de la estructura dejó 236 personas sin vida y más de 180 heridas, cifras que representan historias truncadas, familias rotas y un país en luto.
Entre las víctimas estaba el merenguero Ruby Pérez, quien, como tantas otras personas, se encontraba disfrutando de una velada que terminó en tragedia.
Dolor, reclamos y búsqueda de justicia
Detrás del proceso hay rostros, nombres y reclamos. Alrededor de 120 querellas han sido interpuestas por víctimas y familiares que exigen respuestas y, sobre todo, justicia.
Los querellantes aseguran que el lugar mostraba signos de deterioro estructural y que, pese a ello, continuó operando. Sostienen que el sobrepeso en la edificación pudo haber sido determinante, convirtiendo el espacio en una trampa mortal.
En medio del dolor, el Movimiento Justicia Jet Set ha elevado su voz para pedir que el caso sea tratado como homicidio voluntario, alegando que existía conocimiento previo del riesgo.

