Por: Melvin Julio Mateo Especial para elnarradord
La primera frase que escuchamos y que marcó el comenzó de nuestro diálogo fue “la esperanza es lo último que se piede”. Eran alrededor de las 3:00 de la tarde. Mientras conversábamos, Alex(como llamaremos), miraba con atención el reloj negro, que lleva en su mano izquierda. Para él, el calendario tiene una fecha que no pasa inadvertida, 23 de septiembre, es el día, que indica como cambió su vida.
“Nunca olvidaré ese dia”, haciendo referencia al 23 de septiembre. Es martes 22, cuando nos recibió en el patio frontal de su casa, faltaban solo horas para que se cumplieran 13 años de aquel acontecimiento que marcó un antes y un después en en su vida.
Explica que “para muchas personas nacidas en el territorio dominicano, el 23 de septiembre es un día cualquiera, para él, es el día que comenzó a ver su futuro con incertidumbre. Alex tiene 29 años y vive en Lechería, una comunidad próxima a la avenida Circunvalación Santo Domingo y adyacente a la zona de Caballona, Santo Domingo Oeste. Hasta allí llegó el equipo del narrador.
Hablar de su identidad es hablar de su secreto mejor guardado, explica que no resulta fácil hablar de este tema cuando en la conversación siempre sale a relucir la palabra “indocumentado”, especialmente porque también detrás de su historia, existe una historia familiar y una vida entera desarrollada en la República Dominicana. Su mirada se debilita al hablar del tema que entiende no lo ha dejado avanzar como otros jóvenes.
El joven obrero, recuerda incluso la hora en que se publicó la sentencia, nos indica que eran las 3:00 de la tarde, según su relato, la Sentencia TC/0168/13, correspondiente al expediente TC-05-2012-0077, fue publicada casi a la misma hora que inicio nuestro conversatorio.
La precisión con la que recuerda aquel momento sorprende nuestro equipo. Describe que el mes siguiente de publicada la sentencia cumplía 18 años, y hoy, 13 años después, la recuerda como el primer día.
Alex es el mayor de dos hermanos. Su hermano también permanece en similar situación. Ambos han visto cómo sus posibilidades de avanzar en la vida se han visto limitados. Sus estudios llegaron hasta el primer ciclo de la educación básica, correspondiente al nivel primario. Cuando habla de estudiar, su tono de voz cambia. “Sin documentos no se puedes continuar estudiando, se necesitan documentos para continuar en el sistema”.
Aprovecha para explicar como llegó su padre a la República Dominicana. “Mi papa era un trabajador de la construcción. Aquí trabajó por más de 40 años, construyó una familia y murió. La historia de Alex, entonces, no comienza con una sentencia, comienza con un padre que llegó al país buscando trabajo y fundo una familia en territorio dominicano. Por eso, cuando habla de su historia, la palabra “documentos” parece quedarse corta.
Durante nuestra conversación hay una parte que resulta especialmente difícil explicar. Se refiere a las limitaciones de salir de su comunidad “para alguien que ha crecido en el país, salir de su comunidad, trasladarse o buscar trabajo es algo normal. Aunque no para mi, pues constantemente estoy acompañado por la preocupación que otros jóvenes de mi edad no experimentan. Sin documentos no puedo justificar que yo soy yo”.
Resalta que mientras otros jóvenes de su edad hablan de conseguir un empleo, terminar una carrera o formar una familia, él tiene que pensar primero en demostrar quién es. Después de hablar durante varios minutos sobre la sentencia, le preguntamos cuál es su sueño y su respuesta fue sencilla: estudiar. Reconoce que ya no tiene 17 años, como aquel septiembre de 2013. Ahora tiene 29. Ha pasado más de una década, pero en su corazón sigue latiendo el mismo sueño.

