Con su partida, el país pierde a un intelectual discreto pero trascendental, un hombre que apostó toda su vida a la investigación paciente, la enseñanza y la conservación de la memoria histórica dominicana.
Santo Domingo.– La República Dominicana despide al padre jesuita José Luis Sáez, una de las figuras más influyentes en el estudio de la historia eclesiástica, la comunicación y el cine en el país, fallecido este pasado miércoles 6 a los 88 años de edad.
La noticia fue confirmada por la Conferencia del Episcopado Dominicano a través de un comunicado en el que expresó: “Con esperanza en la Resurrección de Jesucristo, encomendamos el alma del P. José Luis Sáez, S. J., quien ha sido llamado a la Casa del Padre”.
Aunque en los últimos años permanecía retirado de la vida pública, su legado intelectual seguía vivo en las aulas, bibliotecas y archivos del país, donde generaciones de estudiantes, investigadores y periodistas continúan encontrando en sus obras una guía para comprender la historia dominicana desde una mirada crítica y profundamente humana.
Nacido en Valencia, España, en 1937, llegó a la República Dominicana en 1954 y con el paso de los años convirtió esta nación en su hogar definitivo. En 1966 obtuvo la nacionalidad dominicana, reafirmando así el vínculo con la tierra a la que dedicó gran parte de su vida y su trabajo intelectual.
Ordenado sacerdote de la Compañía de Jesús en 1970, supo combinar la misión pastoral con una intensa labor académica y de investigación. Su nombre quedó ligado a importantes estudios sobre la Iglesia católica y la sociedad dominicana. Obras como El quehacer de la Iglesia dominicana (1511-2011), Los jesuitas en la República Dominicana y La Iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo son consideradas referencias esenciales dentro de la historiografía nacional.
Más allá de la historia religiosa, José Luis Sáez también dejó huellas profundas en el periodismo y la cultura. Fue profesor de apreciación cinematográfica, historia del periodismo e iconografía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde muchos de sus alumnos recuerdan su rigor académico, su pasión por el conocimiento y su capacidad para enseñar desde la reflexión crítica.
Además, como miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia y director del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Santo Domingo, dedicó décadas a preservar documentos y testimonios fundamentales de la memoria nacional.

