La diferencia entre hacer historia y contarla después

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La diferencia entre hacer historia y contarla después

Por Fabián Fawcett Politólogo y consultor estratégico

Acabo de escuchar una entrevista concedida por Mauricio De Vengoechea a un periodista dominicano. Más allá de las anécdotas y de los recuerdos personales que compartió, hubo varias afirmaciones que merecen una aclaración por respeto a la verdad histórica y al registro de los hechos políticos de las últimas décadas en América Latina.

En política, como en cualquier otra disciplina, existe una diferencia fundamental entre haber coincidido con alguien en determinados espacios profesionales y pretender atribuirse una influencia determinante sobre su trayectoria. Son cosas completamente distintas.

Por eso resulta llamativo escuchar a Mauricio De Vengoechea insinuar una suerte de paternidad profesional sobre JJ Rendón. Quienes conocen mínimamente la historia de la consultoría política latinoamericana saben que semejante afirmación no resiste un análisis serio.

Reconocer que hubo coincidencias profesionales en algún momento no significa atribuir paternidades que nunca existieron.

JJ Rendón construyó una carrera propia, una metodología propia y una marca profesional propia. Lo hizo a través de décadas de trabajo, cientos de procesos electorales y una presencia determinante en campañas presidenciales a lo largo del continente. Su trayectoria fue el resultado de decisiones, experiencia, estudio y resultados. No necesita tutores inventados para explicar lo que ha logrado.

Confundir un acercamiento profesional con una relación de mentor y discípulo es una exageración que difícilmente supera la prueba de la revisión histórica.

Pero hay otro aspecto de la entrevista que también merece atención.

Resulta curioso que algunas personas hablen constantemente de JJ Rendón mientras JJ Rendón ni siquiera los menciona.

Ese fenómeno suele ocurrir cuando una figura se convierte en referencia obligada dentro de un sector profesional. Algunos construyen influencia a partir de sus propios logros. Otros intentan mantener vigencia vinculándose permanentemente a nombres cuya relevancia pública continúa siendo mayor que la propia.

Cuando alguien necesita explicar su relevancia hablando de otro, inevitablemente está enviando un mensaje sobre sí mismo.

Las trayectorias sólidas no necesitan disminuir a terceros para brillar.

Los grandes consultores compiten con resultados, no con relatos personales.

Y es precisamente allí donde la entrevista de De Vengoechea deja más preguntas que respuestas. Porque una parte importante de sus afirmaciones parece orientada a reconstruir retrospectivamente un protagonismo que no siempre coincide con los hechos documentados.

La historia política latinoamericana está llena de protagonistas reales y de protagonistas autoproclamados. Los primeros aparecen en los registros, en los documentos, en los testimonios de quienes tomaron decisiones y en los resultados obtenidos. Los segundos suelen aparecer muchos años después intentando corregir desde un micrófono aquello que los hechos ya dejaron establecido.

Hay una diferencia entre ser protagonista y querer ser recordado como uno.

El prestigio profesional no se construye reescribiendo el papel de otros. Se construye mediante aportes reales, resultados concretos y una obra verificable.

Por eso, cuando escucho intentos de minimizar o reinterpretar el papel que determinados consultores desempeñaron en campañas históricas, siempre regreso al mismo principio: los hechos importan más que los relatos.

Y los hechos verificables siempre terminan imponiéndose sobre las versiones interesadas. Al final, las campañas ganadas hablan más fuerte que las entrevistas.

La historia puede discutirse. Lo que no puede hacerse es reemplazarla por conveniencia personal.

Porque una cosa es participar en la historia. Otra muy distinta es intentar apropiarse de ella años después.

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