La gran pregunta de cómo se expande el Universo

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La gran pregunta de cómo se expande el Universo

Aunque el Universo lleva miles de millones de años expandiéndose, los científicos aún intentan responder una de las preguntas más fascinantes de la ciencia: ¿a qué velocidad ocurre y qué fuerza impulsa ese crecimiento constante?

Pilar Palazuelos | Santander .- Uno de los grandes debates de la astronomía que no descansa y sigue sumando investigaciones es cómo se expande el Universo y qué medida es la buena para calcularlo, un enigma que en el Instituto de Física de Cantabria confían en poder ayudar a resolver con nuevas imágenes de una galaxia de grandes dimensiones que esperan en un año.

Un equipo internacional liderado por Andrew Newman, de Carnegie Institution for Science (Washington), y en el que participan dos investigadores del Instituto de Física de Cantabria (IFCA, CSIC-UC), José María Diego y Ana Acebrón, ha logrado medir la masa de un enorme agujero negro situado en una galaxia muy lejana, que se originó cuando el universo comenzaba a formarse.

Y el estudio de esta galaxia puede ayudar a entender el gran interrogante de la expansión del Universo.

Se trata de una vieja discusión que empezó hace 101 años, en 1925. Fue entonces cuando se hizo la primera estimación: 600 y pico kilómetros por segundo.

Hasta hoy ha habido una amplia controversia entre físicos y astrónomos, que actualmente converge en dos medidas que difieren aproximadamente un 10 % para esa expansión del Universo.

Las dos medidas están basadas en la unidad de longitud astronómica megapársec (mpc), que equivale a unos 3,26 millones de años luz.

Una de esas medidas dice que la expansión del universo es de 67 kilómetros por segundo por megapársec, y la otra habla de 74 km.

Y aunque parezca que es una diferencia pequeña, se podrían abrir muchos más interrogantes, destacan, en una entrevista con EFE, los dos investigadores del Instituto de Física de Cantabria.

¿Hay física nueva desconocida?

Las opciones, subrayan Diego y Acebrón, están claras: «o una de las medidas está mal, o las dos están mal, o hay física nueva que no entendemos todavía».

Así, se explicaría por qué con la medida de las supernovas se detecta que el universo se expande a 74 km por segundo por megapársec, y con el fondo cósmico de microondas parece que se expande un poco más lento, a 67.

Por eso, cobra más importancia la investigación del cúmulo de galaxias y las nuevas imágenes que llegarán dentro de la investigación en la que participa el IFCA.

«Es importante tener un tercer método con precisión similar y eso es lo que nos va a dar este cúmulo de galaxias con estas nuevas imágenes que van a llegar el año que viene, en el caso de la primera, y dentro de 5 ó 6 años la segunda. Nos va a permitir tener precisión comparable a las de estos otros dos métodos», afirma Diego.

Si con las nuevas imágenes el resultado no se decanta por ninguna de las dos medidas en función de supernovas o del fondo cósmico de microondas «y cae en medio», será interesante, advierte, porque «puede indicar que tiene que haber una física nueva que hay que entender».

Salvar el telescopio Hubble

Diego, además, ha reivindicado el valor para la investigación del espacio que todavía tiene el telescopio Hubble, que con más de 30 años, se acerca al final de su vida útil si la NASA no lo remedia y decide enviar una misión para elevar su órbita y evitar que colisione con la atmósfera y se destruya, por lo que ha surgido una corriente internacional que pide su salvación.

Una de las premisas que impulsa este movimiento es que ningún otro telescopio ofrece actualmente las posibilidades del Hubble para estudiar luz ultravioleta y estrellas azules.

Diego señala, pese a que sus últimos trabajos los ha realizado con el James Webb, que el telescopio Hubble a día de hoy sigue siendo un instrumento único.

«No tenemos ningún otro que sea comparable. Lamentablemente, el Hubble está en órbita alrededor de la Tierra, mientras que el James Webb está mucho más lejos, y poco a poco va cayendo», dice este investigador.

Así, se estima que en 2030 va a llegar a un punto en el que el rozamiento con la parte exterior de la atmósfera va a ser tan grande que en unos meses caerá al mar «si no se hace nada».

Y ha surgido un esfuerzo internacional para convencer a la NASA y a la Administración de Estados Unidos para que se impulse una misión robótica con un satélite remoto que empuje al Hubble «hacia arriba unos cuantos kilómetros para que pueda durar unos 10 años más».

«En un año o así sabremos si esa misión se adopta. Hay que empezar a hacer camisetas de ‘hay que salvar al Hubble’ porque es un instrumento fabuloso», bromea el investigador.

EFE

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